México en Nochebuena, accidentado

Desde hace varios años, siempre que podemos, escapamos de Buenos Aires para las fiestas de fin de año. La primera vez fue a Porto Alegre, Brasil, en el 2010; luego, en el 2013, huimos a Europa, pasando Navidad en Praga y Año Nuevo en Moscú. El año pasado se dio la oportunidad de una nueva escapada, esta vez a México, aprovechando una excelente oferta de canje de millas de LAN. El viaje salía justo el 24 de diciembre, justo en Nochebuena, aunque no terminó siendo tan buena. 🙁

Como el viaje era en Nochebuena, los tripulantes se habían vestido para la ocasión:

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El viaje transcurrió sin problemas durante el primer tramo, de Ezeiza a Santiago.

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En Santiago teníamos un par de horas de espera. Nuestro avión salía a México a las 23:55. Nos sentamos a esperar cerca de la puerta de embarque y nuestra hija de 5 años se puso a jugar con otros chicos. Corrían de aquí para allá. En una de esas, corre, se tropieza y se da la cabeza con todo contra uno de los bancos de la sala de embarque. Cuando la levanté me pegué el susto de mi vida. No lloró enseguida, lo cual ya parecía grave, la miré y en la frente tenía un golpe tremendamente feo y ya, apenas de levantarla, todo hinchado. Se empezó a convulsionar y luego vino el llanto. Faltaban 15 minutos para abordar.

Salí corriendo a buscar hielo a algún negocio. Todo estaba ya cerrado. Era 24 de diciembre a las 23:40. Lo único que logré conseguir frio fue un agua mineral con gas.

Mi esposa fue a pedir ayuda a la puerta de embarque. Nos trajeron hielo del mismo que estaban llevando para el avión. Le dijeron que la tenían que llevar a la enfermería. Se fue mi hija con mi esposa en una ambulancia, tardaron unos 20 minutos, el vuelo empezaba a atrasarse.

En la enfermería le dijeron que no parecía grave, que lo ideal sería hacerle una radiografía pero que ahí no tenían más que atención de urgencias. Le dijeron que viaje pero que prestara atención en caso de dolores, vómitos o mareos.

Volvieron y pudimos abordar. A todo esto, mi esposa y mi hijo habían conseguido upgrade a business. Yo con mi hija quedamos en turista. Yo seguía poniéndole hielo para deshincharle el golpe.

El avión empezó a moverse. Quien conoce el aeropuerto de Santiago sabrá que lleva un buen tiempo hasta despegar. Desconozco en qué punto de la plataforma o pista estábamos pero en un momento mi hija empezó a vomitar. Un desastre. El avión ya estaba en movimiento, no sabía si ya estábamos por despegar o no pero para mi esa era una señal de alerta, no debíamos viajar.

Me paré y fui corriendo a ver a mi esposa en business. Los tripulantes no entendían nada y me gritaban que me siente. Les expliqué como pude lo que pasaba. Me preguntaron si quería abortar el despegue. No quedó otra que abortarlo.

Mientras volvíamos, la tripulación se comunicó nuevamente con el servicio de urgencias. Bajamos del avión y nos fuimos en ambulancia.

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Las 12 de la noche nos tocaron en la sala de urgencias, esperando al médico. Para levantar un poco el ánimo, empezamos a repartir los regalos. Todos nos calmamos un poco.

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Ahí el médico nos explicó que nos recomendaba hacer una radiografía, para lo cual tenían que mandarnos a una clínica.

En ese momento, nos mandaron a una empleada de LAN para que nos acompañara y nos guiara para hacer los trámites. Nos volvieron a llevar en ambulancia de vuelta al aeropuerto.

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La empleada de LAN tuvo la mala suerte de que la mandaran a hacer este trabajito la noche de Navidad y en su segundo día de trabajo. La pobre no conocía el aeropuerto ni los trámites que teníamos que hacer. ¡Por suerte tuvo nuestra ayuda!

Para ir a la clínica tuvimos que hacer el ingreso al país, por lo que tuvimos que pasar por migraciones. Luego tuvimos que ir hacia la zona de remises y tomamos uno hasta la clínica Las Condes.

Estuvimos un buen rato en la clínica, ya con mucho sueño, se hicieron las 4 de la mañana. LAN mandó un reemplazo para esta chica, porque se tenía que ir con su familia. Por suerte estaba todo bien con mi hija. Tuvimos que pagar unos USD 70 de servicios adicionales que no cubría el seguro de LAN, pero luego nos lo reintegró nuestro seguro.

Volvimos al aeropuerto y nos mandaron al mostrador a cambiar el pasaje y a que nos dieran un voucher para el hotel.

Afortunadamente nos ubicaron en el vuelo del día siguiente y nos dieron un voucher para el hotel Holiday Inn que está justo cruzando el aeropuerto.

Estábamos muertos, cansadísimos pero quise aprovechar el desayuno del hotel antes de ir a dormir.

Habré dormido hasta la una o dos de la tarde. Por suerte mi hija ya estaba mucho mejor.

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El hotel estaba justo frente al aeropuerto, por lo que se podía ver desde la ventana. Fuimos a almorzar al aeropuerto y volvimos al hotel.

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Unas horas después dejamos el hotel ya recuperados y listos para volver a viajar.

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Llegamos a México la mañana siguiente sin problemas. El golpe de mi hija tardó unos días en desinflamarse pero por suerte no tuvimos más problemas. ¡Eso sí, no la dejábamos subirse ni al tobogán!

img_5005 Sobre este episodio quiero destacar la increíble atención que tuvimos por parte de LAN en Chile en todo momento. Desde el primer momento en que les comunicamos que tuvimos un accidente nos ayudaron. La empleada de LAN que nos acompañó todo el tiempo nos hizo sentir muy bien, a pesar de que no sabía mucho, y cada media hora la llamaban por teléfono para saber cómo estaba mi hija. ¡Gracias!

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