Curiosidades del idioma: comprando una valija en Moscú

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El idioma tiene cosas curiosas. Recuerdo que hace 9 meses estaba con mi familia en Moscú y necesitabamos comprar una valija nueva. Entramos a un negocio que estaba cerca del hotel y luego de mirar un rato, nos decidimos por una.

Llegaba el momento de encarar al vendedor y comunicarle, como fuera, que queríamos comprar esa valija. ¿Sería un ruso serio, como tantos que nos habían tocado? ¿O hablaría inglés, como el mozo de Soup Café? Me dirigí al mostrador, tomé aire y le dije: это Багаж (Eta Bagazh), lo único que pude armar en el momento.

Ahí nomás el vendedor demostró enseguida su simpatía, aunque no hablaba ni una palabra de inglés,  se nos puso a hablar en ruso, a describir las bondades de la valija, que tenía rueditas, que tenía cierres aquí y allá, que era muy buena elección, que tenía garantía y no sé qué otras tantas cosas más. En un momento, me dice ты понимаешь? (¿entiende?). ¡DA!, mentí.

En un momento nos pregunta si éramos italianos. Le respondí que éramos argentinos. Me preguntó si eso quedaba en Brasil (o si quedaba cerca, no sé). Le dije que no, que éramos otro país.

Lo curioso de esta anécdota fue que, a pesar de no saber nada del idioma (solo palabritas sueltas), hoy, 9 meses después, no recuerdo ni una soloa palabra de lo que me dijo. Obviamente, habló en ruso y no entiendo un pomo. Pero mi cerebro recuerda la conversación, como si realmente le hubiera entendido todo lo que me quiso decir.

Por supuesto, tal vez algunas cosas no se las entendí, pero en mi mente y como resultado de la interacción con el vendedor, quedó generada una versión “legible” de lo que me dijo. Y creo que aquí tienen mucho que ver otras cosas más allá del lenguaje hablado. Cosas como intensidad de la voz, señas, entonación e imágenes se complementan para darle a una interacción un significado. Y creo yo que mi cerebro se basa en esa información para almacenar un registro que yo crea que entendí.

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